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El trabajo invisible de las madres migrantes 💔 (y por qué también merece salario)


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Noviembre 3, 2025

El trabajo invisible de las madres migrantes: cuando cuidar también debería pagarse

Ser madre ya es un trabajo a tiempo completo. Pero ser madre migrante en un país nuevo, sin red de apoyo y con barreras de idioma, es un acto de resistencia. Mientras el mundo sigue midiendo el valor solo en dinero, miles de mujeres sostienen hogares enteros sin recibir un salario, sin descanso y sin reconocimiento.

El trabajo que sostiene al mundo, pero nadie paga

Según Statistics Canada, el trabajo doméstico no remunerado representó en 2019 entre $516.9 mil millones y $860.2 mil millones de dólares canadienses, casi el equivalente al 30 % del PIB nacional.
Y las mujeres realizaron más del 60 % de esas horas. Sin embargo, no reciben compensación económica por ello.

Un estudio de Salary.com estimó que si una madre que se queda en casa fuera remunerada por todos sus roles (niñera, cocinera, limpiadora, enfermera, administradora), debería ganar alrededor de $184,000 USD al año.

Entonces, ¿por qué el sistema no reconoce este valor?

El desbalance económico y emocional en la pareja

Cuando una madre se queda en casa, solo hay una entrada de dinero. Eso crea un desbalance de poder. El hombre gana, la mujer “no aporta”. Pero ¿cómo no aporta quien sostiene el orden, la crianza y la salud emocional del hogar?

El patriarcado económico aún nos dice que el trabajo doméstico “no cuenta”. Y cuando las mujeres lo cuestionan, se les tilda de “feministas locas”.

No, no estamos locas.

Estamos cansadas de trabajar doble sin recibir ni salario ni respeto.

Ser madre migrante: doble carga, doble invisibilidad

Para una madre migrante, la carga se duplica. El idioma, la falta de familia, las diferencias culturales y la soledad hacen que la maternidad se viva en modo supervivencia. Y sí, el idioma se pierde: cuando pasas los días sola con tu hijo, sin conversación adulta, sin comunidad, el cerebro empieza a silenciar partes de tu voz.

Mientras tanto, el hombre trabaja, gana dinero, socializa, crece profesionalmente.

Ella sostiene la casa.

Él sostiene la economía.

Pero ambos sostienen un sistema desigual.

Un llamado a la equidad real

Necesitamos leyes y acuerdos que reconozcan el valor de cuidar.

  • Que garanticen compensación o aportes de pensión a quienes se dedican al hogar.
  • Que promuevan licencias parentales igualitarias, donde ambos padres asuman la crianza.
  • Que se reconozca el trabajo doméstico como una labor esencial, no como un “favor” o una “ayuda”.

Porque los hijos no son solo responsabilidad de las madres. Y los hombres no deberían tener todas las ventajas de un sistema laboral hecho a su medida.

Reflexión final

“Es como si las mujeres nacieran inválidas en la sociedad si deciden tener hijos.
Y luego se preguntan por qué la tasa de nacimiento disminuye.”

Esta frase, tan dura como cierta, resume una verdad global: las mujeres no están dejando de ser madres por egoísmo, sino por falta de apoyo, de políticas, de justicia y de comunidad.

El futuro se construye en los hogares, pero las manos que lo sostienen merecen también estabilidad, respeto y salario.


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